La crisis del 97 en Bizkaia

 

La crisis del 97 no empezó en 1997. A esta se la veía venir desde varios años atrás. Concretamente desde que finalizó la de 1992, que no acabó nada bien.

Las empresas seguían en crisis y no levantaban cabeza. Venían oleadas de trabajo pero muy irregulares y había temporadas en las que los actores contratados no calentaban ni el asiento de la sala de espera y los de convocatoria ni aparecían ni se les esperaba.

Las malas rachas (contínuas) daban como resultado bajadas de sueldos y problemas que se íban enquistando entre trabajadores contratados, socios e incluso actores de convocatoria. Todos con sensibilidades muy distintas.

En algunas empresas se recurrió a todo tipo de medidas para tratar de no llegar a despedir a trabajadores, pero como la situación y la falta de imaginación y otras cosas para encontrar nuevos mercados eran las que eran, desastrosas, al final se produjo lo que realmente nadie quería.

Algunos trabajadores viendo la que se avecinaba, porque ya se mascaba la tragedia, y adelantándose a lo que iba a suceder sin remisión, llegaron a acuerdos con las empresas y se fueron de manera voluntaria, pero cobrando claro, a la calle.

Los que se quedaron aferrándose al atril todo lo que pudieron, poco pudieron hacer para evitar la terrible situación que se oteaba ya en el horizonte cercano.

Y finalmente llegaron los despidos.

No fue de una forma gradual sino en masa. Aproximadamente en abril de 1997, tanto K.2000 como Edertrack deciden prescindir de los servicios de la casi totalidad de sus plantillas, no solo de actores, sino también de técnicos (menos en K.2000 donde su jefe Tomás Ugalde hizo un excelente trabajo de representación de sus compañeros-trabajadores), almaceneros, secretarias, recepcionistas... Mucha, mucha gente se vió en la calle y ¿casualmente? en las dos grandes empresas vizcaínas a la vez.

Las empresas prácticamente quedaron en cuadro. Solo unos pocos actores siguieron contratados (tenían más oportunidad los que sabían euskera). Pero casi todos ellos también, acabarían yendo a la calle aunque unos años más tarde.

Este acontecimiento, empero, tuvo algo de positivo y es que los actores empezaron a salir de sus territorios privados de caza y comenzó a oírseles en doblajes con gente que hasta entonces habían sido "los enemigos", "la competencia maligna", "los mataos", "los responsables de todo esto"... Y una nueva relación y alianzas comenzaron a gestarse entre todos ellos.

Bastantes de aquellos actores pronto dejarían definitivamente el doblaje, otros seguirían parecido y a otros les beneficiaría claramente la situación acontecida, aunque en un principio hubiera sido muy a su pesar.

Esta es la historia en cuatro palabras. Algún día quizás le dediquemos cuatrocientas.

                  EDERTRACK                                                          K.2000